Reseña: Los ojos del Perro Siberiano de Antonio Santa Ana

by - enero 21, 2017


Título: Los Ojos del Perro Siberiano.
Autor: Antonio Santa Ana
Saga/Trilogía: No. Autoconclusivo.
Fecha de publicación: Marzo de 1998
Páginas: 132
 Nos quedamos un rato en silencio, envueltos en el perfume de las hierbas hasta que le pregunté:- ¿Por qué nunca hablamos de Ezequiel?Apoyó las cosas en el piso con mucha calma. Estiró su mano como para acariciarme. Me miró. Bajó la mano, luego la vista y dijo en un susurro:- Hay cosas de las que es mejor no hablar. 



Primero que nada espero que se encuentren muy muy bien; el día de hoy les quiero hablar de un libro que leí hace muchísimo tiempo, tanto que sinceramente no sé en qué año lo leí exactamente, pero desde esa primera vez lo he releído un montón más y en vista de que hace algunos días lo releí quise traerlo al blog. 

Seguramente muchos de ustedes habrán escuchado sobre este libro, pues es una lectura casi que obligatoria en los colegios. Curiosamente a mí nunca me lo mandaron a leer en la escuela, llegué a él por medio de mi mejor amiga, quien a diferencia de mí no le gusta leer, así que me ofrecí a leerlo por ella. 

Normalmente cuando pienso en este libro, sonrío. Sin duda alguna es una historia que, pese a ser muy corta trasmite, trasmite demasiado. Los ojos del Perro Siberiano empieza siendo narrado por un joven –del que nunca conocemos su nombre– que está a punto de viajar a Estados Unidos,  antes de subir al avión decide contarnos una serie de eventos que marcaron su niñez. 

Desde los cinco años nuestro protagonista se enfrentó a una situación tensa en su hogar, convivió con el duro silencio de su familia respecto a su hermano mayor Ezequiel. A medida que fue creciendo las dudas y preguntas comenzaron a hacer mella: ¿Dónde estaba Ezequiel? ¿Por qué se fue de casa y no va a visitar? ¿Por qué papá y mamá se ponen tan furiosos con sólo mencionar su nombre? ¿Por qué no puedo visitarlo? Y lo que es peor, ¿por qué nadie parece preocuparse por él?  

«Eran miles las cosas que no podía entender, lo único que sentía era que había algo que no encajaba en el mundo. Y que ese algo era yo»

Un torbellino de dudas lo asaltaban día tras día, dudas que no lo dejaban disfrutar de su corta vida. Guiada por el silencio y la falta de respuesta, comienza una pequeña investigación, fue dejando caer preguntas discretas que luego de un tiempo dieron su fruto. Un día se escapa de casa para visitar a su hermano. A partir ese momento, todas las respuestas que le habían negado comenzaron a revelarse, a tomar forma y golpearlo con dureza, todo se resumía en una corta frase: Ezequiel tenia sida.




«Hay un cierto aire de verdad en los ojos del perro siberiano, como si supieran nuestros secretos»




Con tan solo 18 años Ezequiel contrajo sida. La deplorable situación con sus padres luego de esta revelación le hicieron marcharse de casa. Sus padres en lugar de brindarle apoyo, se refugiaron en el desprecio, la decepción y la vergüenza. Creían haberle dado su hijo una educación adecuada, capaz de evitarle «desgracias» como aquella. En nombre de Ezequiel se convirtió en un fantasma que rodaba en sus mentes cada tiempo para recordarles todo los errores que habían cometido, así que no mencionaban nada relacionado con su existencia, era como si él estuviera muerto. Ezequiel se convirtió en sinónimo de silencio y negación,  por ende, la crianza de nuestro protagonista fue rigurosa y estricta, a fin de evitar que a largo plazo siguiera los caminos de su hermano. 


«Ninguna enfermedad te enseña a morir. Te enseñan a vivir. A amar la vida con toda la fuerza que tengas. A mí el Sida no me quita, me da ganas de vivir» 

En pocas páginas nos vamos adentrando más y más en la pequeña vida de nuestros protagonistas, conocemos los sentimientos y cavilaciones que los rodean, somos participes de como crece y se fortalece la relación de Ezequiel y su hermano menor, al punto de volverse indispensable en la vida de ambos. A través de sus ojos comprendemos como la enfermedad cambia la vida de los dos, sobre todo la de Ezequiel que se va apagando poco a poco.

«Uno nunca termina de conocer del todo a las personas, ni aún a las más cercanas [...]. Siempre hay una zona de cada uno que permanece a oscuras, alejada por completo de los demás. Una zona de pensamientos, de actividades, de cualquier cosa. Pero siempre hay un lugar de nosotros en el que no dejamos que entre nadie más. Yo creo que eso es lo que hace a las relaciones con los demás tan interesantes, esa certeza de que, aunque nos lo propongamos, nunca los vamos a conocer del todo»


Si en un futuro apocalíptico me dijeran que puedo salvar tan solo diez libro, no duden que Los ojos del perro siberiano  entraría como uno de los elegidos. Encuentro acertado que en las escuelas lo recomienden leer. Es más que un chico que sufre de sida y se reencuentra con su hermano, es una historia que despierta sensibilidad, demuestra la importancia que existe en la unión de la familia y de como todo se desequilibra cuando es inexistente, nos enseña que aun en las peores circunstancias hay personas que se entregan a la incomprensión, la ignorancia y la crueldad; pero más allá, nos enseña a ver las enfermedades y a sentir la vida, no a vivirla, sino a sentirla. No importa si te quedan diez mil años por delante, o tan solo cinco, cada segundo debes sentirlo y apreciarlo. Eso es lo que nos enseña Ezequiel. 

Curiosamente no me había topado con una historia en donde el apoyo familiar ante una enfermedad fuera inexistente, asi que leerlo fue algo...distinto. Al ser diagnosticado con sida Ezequiel quedó solo, sin familia y sin amigos, su vida estaba llena de miradas y comentarios llenos de reproche, compasión y lastima. Lo único que lo mantenía firme con su enfermedad era la música, su perra y la súbita aparición de su hermano que le brindó todo el amor y apoyo que necesitaba con tan poca edad.

Me gustaría mucho contarles el porqué del título pero es algo que debo reservarme pues es algo tan lindo y tan profundo que cada uno debería descubrir por si solo e interpretarlo a su manera. Los invito a leerlo, es muy muy corto con letras grandes y leerlo no les va a llevar más de dos horas, pero más allá de eso es el fuerte sentido de reflexión que nos deja.



Con sólo 132 paginas Antonio Santa Ana logró estremecer cada uno de mis sentidos, con una narración ágil y sutil tocó la fibra más sensible de mis sentimientos y me entregó una historia que me hizo apreciar, valorar y agradecer todo lo que tengo.



     



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4 comentarios

  1. Hola.
    En mi instituto tampoco me lo han mandado a leer, pero lo leí por la chica que me gusta en estos momentos. Me lo recomendó y como era corto me lo leí en una sentada. Es un libro que dice la verdad en pocas palabras.
    Besos y abrazos.

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    1. Exacto, es un libro que en pocas palabras te hace sentir demasiado y te deja una gran reflexión al final. Me alegra mucho que te haya gustado y espero que lo recomiendes, es un libro que todos deberían leer.

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  2. Gracias por la reseña,la tomare prestada para entregar una tarea,pero el crédito es tuyo,me gusto mucho tu opinión y bueno después de todo me voy a leer el libro,así que de todas manera muchas gracias.

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  3. He dejado de leer la reseña a la mitad porque siento que desde que leí que tenía sida me spoileé... Aún así creo que voy a leer el libro muy pronto porque tiene muy buena pinta :)

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